Estamos en la era de reconsumo, la creatividad parece haberse terminado, los productos son refritos de historias exitosas en el pasado que no siempre alcanzan un segundo aliento. Parece una fórmula gastada pero que sigue siendo empleada por televisoras, plataformas de streaming y productoras cinematográficas.


Todo indicaría que hay una crisis de contenido, una falta preocupante de talento y creatividad. No hay ideas nuevas, no hay propuesta o al menos eso nos dan a entender las productoras, pero ¿será cierto? ¿Será que la capacidad imaginativa de los creadores se ha terminado? ¿Será que ya no hay historias que contar? ¡POR SUPUESTO QUE NO! Existen miles de historias, de propuestas, de proyectos… El problema es que no se les está dando oportunidades o los creadores no tiene la perseverancia que se requiere para hacer sus proyectos realidad.

Es una situación contradictoria, el público está ávido de nuevas propuestas, pero nadie quiere arriesgarse, nadie quiere apostar al talento emergente. Las productoras anuncian constantemente su deseo de encontrar contenido diferente, pero es un falso discurso, la realidad es que se sienten cómodas con las recetas que consideran que funcionan. El punto es: ¿hasta cuándo funcionarán? ¿Cuánto jugo se le puede sacar a los grandes éxitos hasta que se desgasten o peor, que las versiones recalentadas pierdan su esencia y terminen por perjudicar al proyecto inicial?

Aunque no lo creamos la responsabilidad es nuestra, lo es porque consumimos sin masticar ni digerir los que nos dan, no exigimos más calidad, nuevas historias, nos dejamos manipular por un llamado a nuestra nostalgia y caemos en el juego del consumo reciclado. Hay excepciones a esta regla, me parecieron fascinantes las readaptaciones de Batman con Christian Bale, pero desastrosas las versiones de Ben affleck.

Si, hay remakes extraordinarios como Casino Royale, Ocean´s Eleven, Heat (con ese duelo de actuaciones entre Al Pacino y DeNiro), El aro, Scareface, The Thing, entre otras… Pero si analizamos las películas o series que han sido desastrosas en su versión “renovada” la lista sería escandalosa.
Recordemos una premisa sencilla: el consumidor manda. Pues… ¡Mandemos! Detengamos el consumo de basura y pidamos contenido diferente, divertido, romántico, aterrador, alucinante, reflexivo, no importa el género, lo que importa es disfrutar emociones y experiencias totalmente nuevas.

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